«Confío profundamente en que cada persona posee recursos y capacidades que pueden ayudarla a atravesar su sufrimiento, aunque todavía no haya logrado reconocerlos». Así resume Gabriela Fagundez su mirada terapéutica. En sus procesos con microdosis, todo apunta a lo mismo: que cada persona reconozca los recursos que ya tiene y los lleve a su vida.
En breve
Para Microhuasca, Gabriela es una de las graduadas que convirtió lo aprendido en la certificación en un programa terapéutico propio. Su forma de trabajar pone en el centro algo que buscamos en todo proceso: lo que la persona ya trae.
Primero, ¿qué es una microdosis?
Una microdosis es una cantidad muy pequeña de un hongo o una planta psicodélica, tan baja que no produce un viaje ni altera la percepción. Se suele tomar cada dos o tres días durante algunas semanas, siguiendo un protocolo. En Microhuasca la entendemos como una herramienta terapéutica, que acompaña procesos de cambio emocional y personal con una intención clara, un registro diario y espacios para integrar lo que aparece.
Gabriela trabaja con hongos con psilocibina y con ayahuasca. Sus procesos siguen, en general, los tiempos del método de Microhuasca.
La investigación sobre microdosis crece año a año. Un estudio con cerca de 1 000 personas que tomaban microdosis de psilocibina (hongos) registró mejoras en el ánimo y la salud mental al cabo de un mes (Rootman y otros, 2022). Otro mostró cuánto pesan la expectativa y el contexto: quienes tomaban placebo también mejoraron (Szigeti y otros, 2021). Por eso en Microhuasca la microdosis va siempre con acompañamiento: intención, registro e integración.
Lee la guía completa: qué son, evidencia, riesgos e integraciónMás de 15 años de consulta, con la mirada en los recursos de cada persona
Gabriela es licenciada en Psicología por la Universidad de la República y terapeuta gestáltica y transpersonal. Trabaja en clínica privada desde 2011: acompaña consultas por ansiedad, depresión, crisis vitales y dificultades en los vínculos, desde una perspectiva humanista.
A lo largo de su experiencia clínica, Gabriela ha ido construyendo una manera singular de acompañar los procesos terapéuticos, integrando diferentes enfoques, herramientas y aprendizajes de su recorrido profesional y personal.
Actualmente comienza a sistematizar este abordaje propio, cuyo eje central es el reconocimiento, fortalecimiento y despliegue del núcleo sano y del potencial sanador de cada persona.
Su mirada parte de una profunda confianza en los recursos humanos y de la convicción de que una persona es siempre mucho más amplia que sus heridas, dificultades o diagnósticos.
Desde una presencia amorosa, respetuosa y libre de juicios, busca construir un vínculo terapéutico donde cada persona pueda sentirse aceptada en su singularidad y descubrir sus propias posibilidades.
Su trabajo no consiste únicamente en comprender y elaborar aquello que genera sufrimiento, sino también en reconocer, valorar e integrar las fortalezas, capacidades y aspectos saludables que muchas veces permanecen olvidados o desvalorizados.
Cada acompañamiento lo arma según la persona que tiene enfrente, hasta en la forma de conversar con ella. Ella lo llama un traje muy artesanal y a medida con cada quien
.
«En mi trabajo no busco evitar el dolor ni dejar de mirar las heridas. Creo que es necesario acercarnos a nuestra sombra, comprender nuestros mecanismos y reconocer aquello que nos genera sufrimiento.
Pero también creo que, si solamente nos miramos desde nuestras dificultades, corremos el riesgo de identificarnos con ellas y olvidar la totalidad de quienes somos.
Por eso, una parte fundamental de mi acompañamiento consiste en ayudar a las personas a recuperar el contacto con sus aspectos saludables, sus capacidades y sus recursos internos.
No se trata de negar lo que duele, sino de ampliar la mirada para que el sufrimiento no sea lo único que nos define»Gabriela Fagundez
Microgénesis: su propuesta terapéutica
Microgénesis es un programa de acompañamiento terapéutico con microdosis que integra diferentes herramientas de exploración emocional, corporal y expresiva.
A través de recursos como la imaginación guiada con música inspirada en el método Bonny, la meditación, el movimiento, la voz y la conexión con la naturaleza, el programa propone acompañar a las personas a explorar con mayor profundidad aquello que están atravesando.
Su enfoque parte de comprender que las dificultades y el sufrimiento pueden contener información valiosa sobre nuestras necesidades, nuestros vínculos y nuestros mecanismos personales.
El acompañamiento busca favorecer el reconocimiento, la comprensión y la integración de esa información, para que cada persona pueda encontrar nuevas maneras de relacionarse con aquello que le genera sufrimiento.
Al mismo tiempo, se trabaja en descubrir y fortalecer capacidades, recursos y aspectos saludables que muchas veces permanecen desconocidos o desvalorizados, ampliando las posibilidades de bienestar y de una vida más plena.
Las microdosis se integran como una herramienta dentro de este proceso, junto con el acompañamiento terapéutico individual y grupal.
«Acompañamos a las personas a comprender e integrar la información que trae su sufrimiento y a reconocer y desplegar sus propios recursos, favoreciendo nuevas formas de vivir con mayor conciencia, bienestar y plenitud».Gabriela Fagundez, sobre el eje de Microgénesis
Un programa que nació en la certificación
Microgénesis nació dentro de la Certificación de Microhuasca. En el nivel 6, quienes se certifican reúnen lo que aprendieron en su práctica y diseñan, con nuestro apoyo, su propio programa de microdosis con su propio enfoque.
Microhuasca lo incuba: pone recursos, acompañamiento y su equipo a disposición para que cada grupo construya un programa con las mismas bases que el programa terapéutico de Microhuasca y su propio sello.
En esa etapa formativa el programa es social y gratuito: cada equipo convoca a participantes que no podrían acceder a un proceso así, lo diseña con nuestro apoyo y lo lleva a la práctica con nuestra supervisión.
Algunos equipos sostienen después su programa y lo convierten en su propio emprendimiento. Microgénesis es uno de ellos: Gabriela es cocreadora y facilitadora, y hoy acompaña procesos individuales y grupales con microdosis.
Si te interesa formarte, ese es uno de los caminos que abre la Certificación: terminar con un programa propio, diseñado y probado con supervisión. Conoce la Certificación
Medicina, grupo y uno a uno
Del método de Microhuasca toma la base, que en sus procesos forma parte del encuadre: la calibración y la dosificación, el registro en la bitácora, las sesiones uno a uno y los amplificadores entre tomas. En la dosis es prudente: empieza con dosis bajas y sube muy de a poco.
Dentro de ese encuadre, valora los procesos en grupo: a quienes ya acompaña en su consulta suele sugerirles esperar al siguiente programa grupal, porque ve «una riqueza mayor» en la suma de medicina, grupo y encuentros uno a uno. Si a alguien el grupo le genera mucha resistencia, el proceso va individual.
En Microgénesis, cada facilitadora trae una herramienta. Gabriela crea meditaciones guiadas para explorar vínculos y experiencias emocionales, y ejercicios expresivos con la voz; otras colegas suman el cuerpo y la música. Todo está al servicio de lo mismo: que cada persona pruebe distintas herramientas hasta encontrar la suya.
Su forma de acompañar, semana a semana
Desliza el mapa hacia los lados para verlo completo
Ver el proceso de Microhuasca

La casa y la luz
Para explicar qué hace una microdosis, Gabriela usa la imagen de una casa.
«Imagino que cada persona es como una casa con muchas habitaciones. A veces, el sufrimiento nos lleva a habitar siempre las mismas, aquellas donde están nuestros miedos, nuestras heridas y nuestras dificultades. Y terminamos creyendo que esa es toda nuestra casa.»Gabriela Fagundez
Desliza la imagen hacia los lados para verla completa
En su imagen, la microdosis, acompañada de un proceso terapéutico, es una luz tenue que deja ver otras habitaciones que siempre estuvieron allí: la vitalidad, la creatividad, la capacidad de amar, de disfrutar y de aportar. Y marca el límite con sus palabras: «No crea esas fortalezas. Puede ayudarnos a reconocerlas».
Es una imagen para explicar su forma de acompañar. No describe cómo actúa la psilocibina en el cuerpo.
«Ayudar a cada persona a descubrir que es mucho más amplia que sus heridas, sus dificultades o sus diagnósticos.»Gabriela Fagundez, sobre el acompañamiento terapéutico
Lee el texto completo de Gabriela sobre la casa y la luz
Imagino que cada persona es como una casa con muchas habitaciones.
A veces, el sufrimiento nos lleva a habitar siempre las mismas, aquellas donde están nuestros miedos, nuestras heridas y nuestras dificultades. Y terminamos creyendo que esa es toda nuestra casa.
La microdosis, acompañada de un proceso terapéutico, puede ser como una luz tenue que nos permite comenzar a vislumbrar otras habitaciones que siempre estuvieron allí.
Habitaciones donde habitan nuestra vitalidad, nuestra creatividad, nuestra capacidad de amar, de disfrutar y de aportar.
No crea esas fortalezas. Puede ayudarnos a reconocerlas, a darles valor y, desde allí, a comenzar a habitarlas y desplegarlas.
Para mí, el acompañamiento terapéutico tiene mucho que ver con eso: ayudar a cada persona a descubrir que es mucho más amplia que sus heridas, sus dificultades o sus diagnósticos.
Una historia de su consulta
El relato está anonimizado: no incluye datos que permitan reconocer a la persona. Es una observación de la consulta de Gabriela, contada por ella; no es un estudio ni una promesa de resultados.
Historia
Volver a reconocer la vida que nos habita
- Motivo
- Más de quince años de depresión
- Proceso
- Tres procesos con microdosis, con espacios individuales y grupales
- Medicación
- Años de tratamientos previos; el relato no detalla cambios
Llegó con más de quince años de depresión y una larga trayectoria de tratamientos farmacológicos con los que, según su experiencia, no había logrado mejoras sostenidas. Se describía sin energía, sin motivación y sin ganas de vivir: su identidad parecía atravesada por la depresión.
Hicieron tres procesos de acompañamiento terapéutico con microdosis, con espacios individuales y grupales. El trabajo tuvo dos ejes. Primero, desde una mirada sistémica, comprender qué función había cumplido la depresión en su historia personal y familiar y cómo ciertos mecanismos de protección se habían vuelto parte de su forma de relacionarse. Después, ampliar la imagen que tenía de sí misma y reconocer aquello que seguía vivo en ella.
Amaba la música, el teatro, los viajes, la cultura y los encuentros con otras personas, aunque casi nada de eso aparecía cuando hablaba de sí misma. Trabajaron en recuperar el contacto con sus fortalezas y su capacidad de disfrutar, y en dejar de lado la exigencia de lo que debía hacer para reconocer lo que deseaba, disfrutaba y podía aportar.
Poco a poco empezó a verse de otra manera: retomó actividades placenteras, recuperó energía y entusiasmo y empezó a reconocer su propio valor desde un lugar más amable. En sus bitácoras de autoevaluación registró mejoras en su ánimo, su energía, su autoeficacia y su capacidad de contemplación.
Si tomas medicación o tienes un diagnóstico, cualquier cambio lo decide y lo sigue tu médico. Si estás pasando por algo parecido, no lo transites a solas: busca ayuda profesional o la línea de crisis de tu país.
«Lo más significativo de este proceso fue acompañarla a descubrir que su depresión no definía la totalidad de quien era.»
Lo que muestra esta historia: para Gabriela, el trabajo fue ayudarla a reconocer lo que seguía vivo en ella. Fueron tres procesos, con acompañamiento individual y grupal; una sola historia no permite saber qué parte causó cada cambio, y las mejoras que registró en sus bitácoras son su propia evaluación.
Lee la historia completa, con las palabras de Gabriela
Acompañé a una mujer con más de quince años de depresión y una larga trayectoria de tratamientos farmacológicos, durante los cuales, según su experiencia, no había alcanzado mejoras sostenidas.
Realizamos tres procesos de acompañamiento terapéutico con microdosis, combinando espacios individuales y grupales.
Al comenzar, se describía como una persona sin energía, sin motivación y sin ganas de vivir. Su identidad parecía estar profundamente atravesada por la depresión.
El proceso terapéutico tuvo dos ejes fundamentales.
En una primera etapa, trabajamos desde una mirada sistémica para comprender qué función había cumplido la depresión en su historia personal y familiar. Este trabajo permitió explorar cómo determinados mecanismos de protección, desarrollados frente a experiencias y exigencias de su entorno, habían adquirido un lugar importante en su manera de relacionarse consigo misma y con los demás.
En una segunda etapa, el trabajo se centró en ampliar la imagen que tenía de sí misma. Durante muchos años, la depresión había ocupado un lugar tan importante en su vida que parecía definir quién era.
Comenzamos entonces a recuperar el contacto con otros aspectos de su identidad: sus intereses, su vitalidad, sus vínculos, sus capacidades, sus deseos y su posibilidad de disfrutar.
El objetivo no fue solamente comprender la función de su sufrimiento, sino también ayudarla a reconocer que era mucho más que su depresión y que existían en ella recursos y aspectos saludables desde los cuales podía comenzar a construir una relación diferente consigo misma y con su vida.
Era una mujer que amaba la música, el teatro, los viajes, la cultura y los encuentros con otras personas. Tenía intereses, vínculos, capacidades y mucho para compartir, pero casi nada de eso aparecía cuando hablaba de sí misma.
Trabajamos en recuperar el contacto con sus fortalezas, su vitalidad y su capacidad de disfrutar, dejando de lado la exigencia de todo lo que debía hacer para comenzar a reconocer lo que genuinamente deseaba, disfrutaba y podía aportar.
Poco a poco, comenzó a construir una percepción diferente de sí misma. Retomó actividades placenteras, recuperó energía y entusiasmo y empezó a reconocer su propio valor desde un lugar más amable.
Esta evolución también quedó reflejada en sus bitácoras de autoevaluación, donde registró mejoras en su ánimo, energía, autoeficacia y capacidad de contemplación.
Para mí, lo más significativo de este proceso fue acompañarla a descubrir que su depresión no definía la totalidad de quien era.
No se trataba de crear una vitalidad que no existía, sino de ayudarla a reconocer la vida que seguía habitándola.
Lo que una microdosis no hace sola
Gabriela es cuidadosa con lo que promete. En su imagen, la microdosis va acompañada de un proceso terapéutico y no crea nada que no estuviera: ayuda a reconocer lo que ya está, con terapia, con grupo y con tiempo.
- La microdosis no crea fortalezas. En palabras de Gabriela, acompañada de un proceso terapéutico «puede ayudarnos a reconocerlas, a darles valor».
- No sube la dosis por subir: cuando una dosis baja funciona, se queda ahí.
- El grupo no es para todas las personas: si genera mucha resistencia, el proceso va individual.
- El núcleo sano y el potencial sanador son su manera de nombrar lo que ve en consulta. Es un abordaje que está sistematizando, no un método validado ni un mecanismo médico comprobado.
- Si tomas medicación, cualquier cambio lo decide y lo sigue tu médico.
Lo que vemos desde Microhuasca
La calibración y la dosificación, el registro, las sesiones y los amplificadores están entre las piezas del método que Gabriela aprendió aquí: ocho semanas y más de 50 elementos de integración, junto a la comunidad, la intención y la dieta. Ella los llevó a un programa terapéutico propio y los rodea con lo que trae de más de 15 años de consulta: la meditación, la voz y una confianza firme en los recursos de cada persona. Es lo que esperamos de quien se gradúa: que tome el método y lo haga suyo.
Su foco en lo que la persona ya trae coincide con algo que buscamos en todo proceso: que lo que se reconoce durante las semanas de microdosis se lleve a la vida diaria. Cómo trabajamos la integración en Microhuasca.
En Microhuasca, cada persona que empieza un proceso pasa antes por una revisión de su historia y su medicación con nuestro equipo médico. Durante la certificación, quienes facilitan sus primeros procesos cuentan con ese mismo respaldo para los casos que lo necesitan.
Gabriela eligió esta historia para compartirla con James Fadiman, PhD, conocido como «el padre de la microdosificación moderna» o «la autoridad más sabia y respetada sobre las microdosis, los psicodélicos y su uso», y asesor principal de Microhuasca. Con él estamos abriendo espacios para revisar casos reales junto a graduados y estudiantes de la certificación.






